Álvaro Rodríguez

Este domingo Evo Morales anunció su renuncia, una dimisión forzada a la presidencia del Estado plurinacional de Bolivia. Las razones vienen de un cruce de circunstancias que hacen de su lectura un escenario sumamente complejo a los ojos de sus propios ciudadanos, un golpe de Estado olímpicamente orquestado desde la embajada de los EU, la OEA y la ultraderecha boliviana. Los discursos de odio y racismo que provienen principalmente de los adversarios políticos de Morales (Carlos Mesa y Luis Fernando Camacho) se cruzan con el proceso electoral del 20 de octubre pasado, con una mínima diferencia porcentual del 10 % que favorece a Morales sobre los puntos de Mesa.

Tras los resultados y después de acusar los comicios electorales de un supuesto fraude por la misión de observadores de la OEA, la respuesta también de sectores populares que no han encontrado en las últimas políticas de Evo una postura clara frente a las promesas de nacionalización de sectores energéticos y productivos, principalmente alimentarios, han dejado un campo de acción a una ultraderecha oportunista del Comité Cívico de Santa Cruz que se ha aprovechado de la coyuntura para hacer un llamado violento y de persecución a derrocar al Estado plurinacional e incendiar su principal símbolo: la Whiphala. Corporaciones empresariales, de seguridad y del ejército han participado de un clima de inestabilidad que pareciera ya orquestado desde hace más de una década con un proyecto reaccionario, racista y fanático.

Este golpe es un golpe múltiple, pero es un golpe político fundamentalmente a “las mujeres, a sus organizaciones sociales e indígenas”, es un golpe que no sólo debilita el estado de derecho, sino a las corporaciones sociales del estado plurinacional quienes fueron ganando terreno en material constitucional y social.

Bolivia se encuentra en entredicho y si bien Evo Morales tuvo muchas críticas y demandas sociales por su probable permanencia en el poder, lo cierto es que las políticas y reformas impulsadas por “el proceso de cambio” quedarán en manos de quienes ven en estas reformas obstáculos para implantar la religión, el ostracismo, el saqueo y un plan de exterminio social por los dineros del Capital.

El futuro para los pueblos indígenas sin Evo es ineludible visto desde las mismas organizaciones indígenas a quienes “el proceso de cambio” también les trajo una carga de victimización, estereotipación y racismo concebida desde el mismo gobierno de izquierda. El balance seguramente lo tendrán las asambleas comunales quienes decidirán por encima del ejército, la policía y los fanáticos religiosos su próximo destino.

Álvaro Rodríguez historiador

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2 thoughts on “Bolivia, el golpe múltiple

  1. Así es, el golpe está cada vez más nítido. Pero la población de El Alto ya se volcó a las calles diciendo “La Whiphala se respeta, carajo!”. Saben ellos y ellas que los cristianos son anti-indígenas. Caberá a lxs alteñxs (¡nuevamente!) la fuerza para impedir que el péndulo de la historia de Bolivia oscile hacia el conservadurismo y el racismo.

Nos leemos pronto

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